Festejos en los pueblos y sus cambios sociales

Fiestas en los pueblos rurales y cambios sociales: Benaguasil

#Paco Yusá

La fiesta, es una parte importante en los desarrollos de las comunidades. No se conoce ninguna cultura que no tenga sus días de celebración, es importante para su crecimiento individual y comunitario. El componente religioso está generalizado por todos los pueblos.

El transcurrir de los tiempos ha hecho aparecer nuevas o se han ido acomodando a  una nueva sociedad. Por ceñirnos en Benaguasil, pueblo tradicionalmente rural, se ha notado el cambio en las mismas. Razones sociales, políticas, religiosas, culturales han hecho que lo que había sido tradicional de las Fiestas Patronales, haya sufrido una transformación como en otros pueblos.

Normalmente eran tres días los  festivos. El primero, día de la patrona, el segundo la fiesta de Acción de Gracias y el tercero, el de los jóvenes San Luis Gonzaga. Como todo pueblo rural que dependía de su propio trabajo, marcado por las cosechas, especialmente en este tiempo, podían ser dedicados al descanso y a la celebración de la fiesta. Eran los tres días festivos, no había ningún problema de calendario laboral, ni exigencias de productividad industrial, o muy poco significativo y que se acoplaba en la medida de sus posibilidades, a fin de cuentas era un tipo de sociedad que podía marcar el ritmo de su vida y también el de sus fiestas con una completa autonomía.

Benaguasil ha pasado de ser un pueblo que vivía de la agricultura, a un pueblo de trabajadores de  la industria y de los servicios. Tiene un elemento importante a considerar, debido a su poco territorio municipal y la ubicación en las redes de comunicación, una gran masa laboral está trabajando fuera de la población, con lo que sus fiestas no coinciden normalmente con las fechas de Benaguasil. Difícilmente pueden compaginar los tiempos de descanso festivos propios de su pueblo. Aunque ello no ha afectado tanto a la fiesta principal, la de la Virgen de Montiel, si al núcleo de las tres fiestas.

La transformación más significativa ha sido la del segundo día, fiesta de Acción de Gracias, que nos recuerda lo que otras naciones celebran como podría ser EEUU. Esta fiesta recuerda un acontecimiento que ocurría en el siglo XVII.  Una terrible peste asolaba Benaguasil, los enfermos iban creciendo y las muertes eran diarias, no se veía ninguna solución en su tiempo. Acudieron a la petición de ayuda,  a la Virgen de Montiel, que estaba en una ermita en un montículo cerca del pueblo. La bajaron en solmene procesión al pueblo y con oraciones  y plegarias lo recorrieron pidiendo protección. El hecho fue tenido entonces como milagroso, porque  lo que si fue evidente,  es que fue bajar la Virgen de Montiel al pueblo y desaparecer la enfermedad y la muerte, y poco a poco la sanación, al cesar la peste de los enfermos de ella.

El suceso fue tan celebrado,  que los  regidores declararon la fiesta de Acción de Gracias, que sufragaba totalmente las arcas municipales el  día siguiente de las grandes fiestas de la Virgen.

Esas fiestas se celebraron prácticamente hasta los años setenta, con algunas interrupciones conocidas y algunas modificaciones motivadas, como veremos, por los cambios sociales. Con los cambios políticos llegó también la desvinculación de la promesa de los antiguos regidores por parte de los nuevos del Ayuntamientos. La fiesta se quedaba sin las ayudas económicas para pagar los festejos tanto de la iglesia, flores, predicador, organista, coro, etc.,  como la de los externos para sufragar los gastos de la banda en la procesión y de los fuegos artificiales y otros actos propios de la fiesta, parecía que debía desaparecer. El párroco de entonces D. José de Paz Puig, acogiendo los sentimientos del pueblo cristiano que quería continuar celebrando esa fiesta de Acción de Gracias, no solo de la histórica que motivó la fiesta, sino de los diversos favores que la Virgen de Montiel continua haciendo a los que le piden su intersección, pensó que pudiera unirse a ella la celebración de las Bodas de Oro y Plata de los matrimonios de la parroquia. Poco después se unió la fiesta de la Hermandad Sacerdotal, compuesta de los hijos de Benaguasil y de aquellos sacerdotes que habían ejercido su ministerio en él.

La fiesta pervive a pesar de los cambios sociales, eso es algo que hace pensar en la importancia de las fiestas para la convivencia ciudadana. No es mantener unas tradiciones solamente, sino defender una forma de vida que ha mostrado su bondad a través de los tiempos, no es un mero romanticismo de mantener por mantener, sino el descubrimiento que la verdadera socialización, es tener las cosas que nos unen, que refuerce la convivencia, que facilite el intercambio de los momentos que han reforzado nuestra identidad y nos ha hecho más felices y humanos.

La fiesta civil o religiosa forma parte del ser societario que es el ser humano, que le hace tener unos puntos de relación firmes y constantes. Cuando los miembros que han emigrado de una comunidad, vuelven en los días festivos, es una clara búsqueda o reafirmación de la propia identidad. No nos unen las cosas materiales, sino lo que esta mas allá de lo físico, de lo palpable, de lo que vemos cada día.

Mantener una fiesta con los cambios propios de lo que supone el trascurso de los tiempos, es reforzar lo que va mas allá de lo cotidiano, lo que esponja al espíritu, lo que hace feliz a las personas.

 

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