Psicología: quizás…

Quizás…

Francisco Polo, psicólogo

Las conversaciones que se producen a lo largo de los días se van posicionando dentro de tu mente. Poco a poco algunas de esas conversaciones pasan a un segundo plano, y en ocasiones desaparecen, no llegamos a recordarlas. En cambio, otras quedan muy conscientes en nuestra mente y de vez en cuando vuelven a salir y nos la recuerda. Este es el caso de una conversación que tuve este verano con unos amigos. El tema fue dirigiéndose hasta converger en si los acontecimientos que nos suceden, sabemos de antemano si van a ser buenos o malos para nosotros y nuestro entorno. En aquella ocasión me recordó a una historia que leí hacía mucho tiempo. Esa historia era muy antigua y la leí en un libro del autor Lao Tseu. En ella explicaba o quería hacer ver que con el tiempo, los sucesos que nos han ocurrido podremos interpretarlos como buenos o malos, pero que en el momento que nos ocurren es difícil de saberlo.

La historia, más o menos, era así (es un libre recuerdo): Hace muchos, pero muchos años había un anciano campesino que poseía unas tierras junto a unos pocos animales. Con todo ello, el anciano campesino tenía suficiente para vivir junto a su familia, su mujer y su único hijo, el cual era muy cercano a él y con el que pasaba la gran mayoría del tiempo. Una mañana al despertarse, descubrió que su caballo ya no estaba en su cuadra, por la noche se había ido. El vecino del campesino al enterarse de la noticia fue a hablar con él y le comentó la mala suerte de que su único caballo se hubiese marchado. Nuestro anciano campesino le contestó con un simple “quizás”. Tres días después, el caballo volvió a la cuadra junto a otros cinco caballos salvajes. El vecino a enterarse de la noticia fue a darle de inmediato la enhorabuena y a decirle la suerte que había tenido ya que ahora tenía seis caballos. Nuestro anciano campesino le contestó con un simple “quizás”. La semana acabó sin ningún acontecimiento destacable hasta que el domingo, su hijo quiso montar uno de los caballos salvajes. En uno de los intentos, al caer al suelo se rompió la pierna derecha. A la mañana, el vecino al enterarse fue a consolarle por la mala suerte que había tenido su hijo de haberse roto la pierna. Nuestro anciano campesino le contestó “quizás”. A mitad de semana, una comitiva del ejército estaba alistando a los jóvenes para ir a la guerra. Cuando llegaron a la casa del anciano campesino no pudieron alistar a su hijo ya que estaba con la pierna rota. El vecino al enterarse fue a comentarle la buena suerte que había tenido su hijo al no ir a la guerra. Nuestro anciano campesino le contestó… quizás.

No debemos alegrarnos o entristecernos con acontecimientos que nos pasan hasta que no pase un tiempo prudencial para poder valorar si lo ocurrido nos va a beneficiar o nos va a perjudicar. Ser consciente de esto nos hará reducir mucho nuestro sufrimiento.

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