Psicología: tiempo para los problemas

 Tiempo para los problemas

#Francisco Polo, psicólogo

Una de las cosas curiosas que tenemos los humanos es la de poder tener un problema, y después de haber ocurrido, que permanezca vivo en nuestra mente durante mucho mucho tiempo. El problema ya no existe, pero nuestra cabeza no deja de recordárnoslo. Entra en un estado de rumiación en el que cuando menos te lo esperas emerge de nuevo y nos vuelve a recrear aquella situación. La intensidad de las emociones se acercan, en exceso, al momento en el que ocurrió el acontecimiento, y el control que tenemos de esas emociones es nulo, llegando a desbordarnos.

¿Curioso que tengamos una mente tan perfecta en muchos aspectos y tan negativa en otros? Recuerda la vez que un amigo no pudo recogerte del trabajo y se le olvidó avisarte de que no iría. Recuerda la vez que a tu mejor amigo no te felicitó el día de tu cumpleaños. Recuerda la vez que tu pareja se quedó hablando con aquella chica de la fiesta y durante un rato no estuvo contigo. Recuerda la vez que tu novia olvidó su teléfono en casa el día que salió con unas amigas al cine. Recuerda, recuerda y no hace más que recordar aquellos momentos en los cuales nos hemos sentido vulnerables y, una de las personas que mas queremos, nos ha hecho sentir una gran inseguridad.

Podemos hablar también de las personas que peor nos caen, nuestro cerebro puede funcionar de la misma manera, pero en este caso hablamos de las personas más queridas y más cercanas a nosotros.

Pensad por un momento, ¿vale la pena seguir martirizándonos con ese tipo de pensamientos? ¿nos van a hacer llegar a algún tipo de conclusión que podamos pensar que es positiva? ¿Cómo nos hace sentir?

Creo que a ninguna de estas preguntas podemos sacar una respuesta positiva y que nos sirva para sentirnos mejor. Los momentos son los momentos, las situaciones son las situaciones. Algunas pueden que nos gusten más y otras que no nos gusten nada, pero ya han pasado. Eso es lo importante, ya no están, no existen, no se puede volver atrás. Esto es lo que se tiene que tener claro. Y si eso es así, ¿vale la pena seguir martilleándonos?

Una posible solución para este tipo de situaciones es coger un día en el que estemos tranquilos y relajados. Cojamos papel y boli. Y durante un rato escribir, con todo tipo de detalles, la situación que tanto nos está martirizando. Después meterla en un bello sobre muy bien decorado por nosotros y guardarla. Ese recuerdo permanecerá ahí hasta que el día que nosotros consideremos que debe estar con nosotros. Llegado el día en el que consideremos que ya no queremos que ese recuerdo este con nosotros, nos desharemos de la carta. Podemos romperla y tirarla por el váter, podemos quemarla en el fuego de la paella, podemos tirarla directamente a la basura. Eso cada uno según vea.

El recuerdo, por fin, ya habrá desaparecido de nuestra mente.

 

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