Psicología: Dejar marchar

DEJAR MARCHAR

Francisco Polo. Psicólogo

Existe una tradición muy antigua que a día de hoy se ha dejando de lado, la de contar historias.

Nuestros antepasados tenían la costumbre de enseñar a los más jóvenes por medio de pequeños cuentos o historias sucesos que habían ocurrido en el pasado y con ello transmitir conocimiento para hacer frente a las adversidades que les podrían surgir a lo largo de sus vidas.

Esto me hizo recordar una pequeña historia que me impactó en su momento y que ahora paso a relatarles,  a modo de aquel anciano hombre rodeado de sus jóvenes nietos al amparo de un fuego recién encendido.

La historia más o menos era así:

Existió un Rey justo y honrado que tuvo la dicha de conocer a una mujer con sus mismas características. Durante aquel periodo, en el que gobernaron aquellas tierras, la justicia y la felicidad fueron las que mandaron en aquel territorio.

Un trágico día, la reina enfermó. En pocos días el desenlace fue fatal. Nada se pudo hacer, la reina murió. La pena del Rey fue grande, tan grande que no quería que su bella esposa fuese enterrada. Pidió que se le hiciese una gran urna transparente para que allí ella pudiese descansar. Ordenó que en la sala más grande del palacio se instalase aquella urna, junto a su cama para poder estar junto a ella. El Rey en ningún momento quiso salir de aquella instancia. Quería estar siempre al lado de su amada reina. Pasado unos días, en aquel salón no se podía estar, el olor era demasiado fuerte. Los intentos de compensarlo por medio de flores fue en balde. El cuerpo de la reina también empezó a desfigurarse e hincharse. Los consejeros y el personal de palacio se negaron a entrar en aquel recinto. El Rey tomó la determinación de trasladar la urna al jardín. En aquel espacio abierto, lleno de árboles y flores el olor pareció desaparecer, aunque si te acercabas tenías que taparte la nariz. El Rey contempló aquella estampa: grandes y bellos árboles, rosas y otras flores alrededor de la urna, y el ruido del agua de las fuentes. Se paró a contemplarlo y lo vio, aquel sería el sitio donde descansaría su bella reina. Así que mandó cavar una fosa en la que la reina pudiese descansar. A partir de aquel día, el Rey cambió, volvió a ser quien fue. Su pueblo retornó a sus tiempos pasados y la felicidad y la dicha resurgieron.

Creo que es una historia que le podemos dar más de una interpretación. Para eso son, para que cada uno la pueda aplicar y piense sobre la solución a los problemas que tiene. En ocasiones, querer recordar algo que ya no es, nos lleva a nuestra desgracia en vida. Tenemos que aprender a disfrutar de las etapas de la vida y saber que todo principio también conlleva un final.

Es como las fallas, construir para quemar, para poder construir para volver a quemar. Ya sé que no es lo mismo, pero también me da que pensar.

Felices Fallas a todos.  

 

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