Ciriaco: El escultor valenciano que ha dado vida a cientos de criaturas

Ciriaco:

“Cuando vendo una obra siento que he perdido una hija”

Ciriaco

#Maribel Monzó

José Doménech Ciriaco, nace en Alfara del Patriarca. Su progenitor fue cantero,  lo que le dio la oportunidad de entrar en contacto con los materiales. A los 14 años esculpe el busto de su padre y desde entonces su capacidad para crear no ha tenido freno. Dio forma a su vocación en la Escuela de  Bellas Artes de València.  Con tan solo 28 años consigue su plaza de catedrático interino en  la Facultad de Bellas Artes de València. Ha sido el titular de la cátedra de Procedimientos Escultóricos  hasta hace seis años, en  que la Universidad de València lo jubiló. Desde entonces se dedica en exclusiva a su gran pasión y a vivir en su mundo creativo como el así lo cuenta.    

 El mármol, el bronce o la madera, no oponen resistencia cuando están entre sus manos. El cuerpo humano son el punto de partida de sus esculturas, especialmente el cuerpo de la mujer, donde pone de manifiesto  los volúmenes y curvas más sugerentes de lo femenino. Durante su larga carrera cuenta con cientos de obras y numerosas exposiciones en los lugares más representativos del arte. Nunca ha intentado comercializar con  sus “hijas”, así es como él llama a sus creaciones, también  nos confiesa que le cuesta mucho desprenderse de cualquiera de sus obras.  

¿Cómo y cuando descubrió su talento para esculpir?

Pues vino porque a mí no me gustaba estudiar y entonces mi padre, que tenía una cantera, me llevó a trabajar con él. Después de un año trabajando en la  cantera, me dije; “esto es muy pesado”, y volví  a estudiar, e hice  la carrera de Bellas Artes. Pero con esta experiencia ya conocí la materia y me gustó. Así que en parte se lo debo a mi padre, el inconscientemente lo puso en mis manos. Él  quería que yo montase un taller de mármol,  a lo que  me negué rotundamente,  porque sabía que quería ser escultor.  Necesitaba libertad para dedicarme a la escultura y tener un taller no me lo iba a permitir. Descubrí que eso es lo que me gustaba y lo que quería hacer en mi vida. A los 14 años esculpí el retrato de mi padre y ya no paré de hacer obras.

Llegó muy joven a ser catedrático en Bellas Artes de la Universidad de València.

Si llegué a la docencia a los 28 años,  esto me permitía tener el tiempo suficiente para dedicarme a crear. Nunca pensé que podía ser profesor de escultura pera la vida me llevó hasta allí. Me sentía preparado y me presenté a una oposición, y así  saqué la plaza.   He enseñado a los jóvenes escultura pero curiosamente ellos me han enseñado a mí, de sus fallos han salido esculturas mías. La Facultad ha sido lo que me ha dado la estabilidad para poder comer y yo dedicarme a crear y hacer lo que a mí me gusta, que es estar en mi mundo creativo. Par mí ha sido siempre un juego donde me he divertido.  Me he sentido siempre muy libre y he hecho lo que me ha dado la gana. No he pensado en vender nunca mis obras, y ni  si siquiera plantearme si  gustaban o no al resto de la gente. De hecho cuando he vendido una obra mía,  no me alegro, al contrario, siento que he perdido una hija.

Estuvo como profesor de universidad hasta hace muy poco, ¿qué cambios ha vivido  la carrera de Bellas Artes? Comparando a sus jóvenes alumnos que ya han crecido en la era tecnológica y digital con respecto a cuando usted empezó.

Bueno yo soy un torpe en las nuevas tecnologías, y por suerte estas  no entraban en mi asignatura. Era responsable de seis materias, el perfil  mío,  de mi cátedra,  es procedimientos escultóricos, lo cual supone el tener  que saber de casi todo, pero yo determiné en quedarme solo en tecnomodelador. Así que las  nuevas tecnologías no tenían que ver con  mi asignatura.  Tuve una gran lucha con el decano en mis últimos años, me dijo que yo había derrumbado totalmente la facultad,  le dije que sí,  que lo sentía pero que una cosa es enseñar y otra hacer lo que tú piensas que debes hacer. La enseñanza tiene un método, cuando terminas la metodología, deja que los muchachos/as se desarrollen como quieran y sean ellos. Yo en la Facultad me ponía una coraza y no era yo, era el profesor, pero cuando salía me la quitaba y me iba con los alumnos a tomar café, y ahí ya era yo, estaba en mi mundo creativo.  En clase cumplía el proceso educativo, pero fuera me sentía libre para ser yo.  

Materiales como el mármol, el bronce  y la madera, clásico y  moderno, ¿dónde se ubica?

Yo no pienso en clásico o moderno, yo pienso que existe lo bueno y lo malo. Te pongo el ejemplo de crear una escultura muy grande, impresiona   por el tamaño pero no quiere decir que tenga calidad, en esto no hay que confundirse. Lo que importa es la evolución que tiene quien crea algo, sea pintura escultura o lo que sea. Si yo,   con mis 77 años hiciera lo mismo que cuando tenía 16,  por ejemplo,  significaría que no he evolucionada nada en mi trabajo, por lo tanto no sería bueno.

“Gustándome mucho las mujeres rehusé a ellas para dedicarme a esto”

Sus esculturas son casi todas femeninas, le gusta moldear sus formas y volúmenes, ¿por qué?

Mi inspiración son las mujeres y sencillamente es porque soy hombre (risas),  todas mis obras son mujeres menos una que es de un muchacho. La mujer es para mí es una pincelada maravillosa que nos da la vida. Pero gustándome mucho las mujeres rehusé a ellas por dedicarme a esto, es una contradicción, pero así fue.

¿Cómo le llega la inspiración para crear, se obliga cada día?

 La creatividad puede venir en cualquier momento y estés donde estés, luego viene ya el desarrollo,  y la maquina empieza a funcionar. Pero claro te tiene que pillar trabajando, frase que han dicho muchos maestros. Yo cada día voy a mi taller y allí pues pienso y juego para darle forma a cada idea. Jugar es lo que hago, no trabajar, porque la vida es juego en sí.

¿En nuestro país  está bien considero el arte, ¿Piensa que la carrera de Bellas Artes está en decadencia?

Lo veo muy mal, porque no  está recompensado. Estoy viendo que los jóvenes que empiezan están haciendo grandes esfuerzos  por hacer lo que quieren los demás y no hacer lo que quieren ellos. Se mueven a ver de qué manera pueden hacer dinero, porque claro tienen que vivir. Por eso el arte lo veo muy inseguro,  la pintura aun tiene más posibilidades,  pero la escultura francamente no.  A mí me han dicho directamente tu escultura me gusta,  pero no la puedo vender. Yo he podido estar fuera de este sistema, porque he vivido de lo docencia, pero una persona que acaba de empezar no tiene más remedio que estar en  él.

¿Un artista se jubila?

Nunca, yo sigo trabajando. Tengo una cantidad de obras nuevas, pero no tengo galería para exponerla, porque realmente hay muy pocas. Todo lo que hace el escultor es costoso y como no se tenga  un centro que sea del estado, gratuito, no es fácil. En València ya he expuesto en todos los lugares  que el estado me ha proporcionado. Pero tampoco me preocupa, yo continúo trabajando como si tuviera 8 años, porque para mí esto no es trabajar, es disfrutar.

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