Psicología; Adiós 2019…

ADIOS 2019….

Francisco Polo; Psicólogo

Este año ha llegado a su fin. Muchos, durante estos días de celebración, echamos la mirada atrás y vemos los buenos, y no tan buenos momentos que hemos tenido. Y de inmediato hacemos planes para este nuevo año que acabamos de entrar. Es como una lista de buenas intenciones y deseos, nuestra carta personal de adultos a los Reyes Magos. En ella caben todo tipo de peticiones: un aumento de sueldo; cambiarnos el móvil por una que tenga más prestaciones; unas mejores vacaciones para el verano; hacer, este año si, eso tan anhelado que llevamos dándole vueltas mucho tiempo; y así una lista interminable de peticiones. Si luego entramos en los deseos podríamos pedir: un mejor estado físico; no resfriarme tanto; salud a mis seres queridos; poder pasar más tiempo con las personas que quiero; y todas las que se nos puedan ocurrir. Y por último estarían las ensoñaciones. Creo que aquí ganaría por mayoría absoluta el hecho que te toque algún sorteo y ganases el suficiente dinero para no tener que trabajar y poder llevar la vida que realmente quieres. Supongo que hay más, pero esta suele ser la que se lleva la palma.

Todo esto está muy bien, y es maravilloso tener estos sueños todos los años, pero si nos fijamos, esos deseos, en la gran mayoría de ellos son peticiones para nosotros y nuestras personas más allegadas. ¿Y qué pasa con el resto de la sociedad? ¿dónde quedan?

Bueno, que cada uno se pida para él y así todos contentos (podríamos pensar), pero esto no es así. Hay personas que no pueden soñar, no pueden desear, todo esto les quedaría en las ensoñaciones, hasta el más pequeño de nuestros deseos para ellos es algo inalcanzable.

En la segunda semana de diciembre tuve la suerte de ser invitado, junto a unos amigos, a asistir a la primera edición de los premios cooperación de la Comunidad Valenciana. Os puedo asegurar que fue uno de los actos de este 2019 que más me impactó y ahora intentaré explicar el motivo.

Cada uno de los premiados sabía y hacía saber que igual que él era el premiado, podía haberlo sido cualquiera de los otros nominados. Esas palabras reflejaban sinceridad y una gran dosis de humildad. Entre ellos se conocían la mayoría y en ocasiones habían colaborado juntos. Las breves palabras de agradecimiento incluían valores, valores inculcados por sus padres y abuelos. Hacían referencia a la gratitud, al trabajo y a seguir en su lucha.

Cuando uno, como yo o podrías haberlo sido tú, lector de este artículo, escucha a todas estas personas hablar con la ilusión con la que lo hacían, con la honestidad de sus palabras y con humildad que reflejaban, creo, que tu carta de los deseos para este año 2020 incluirá un nuevo apartado, ¿qué es lo que puedo hacer por la gente que más lo necesita?

Personalmente este apartado lo he incluido y me he comprometido conmigo mismo a que debo de contribuir a que este mundo en el que vivo quiero que sea un poquito mejor y pienso aportar mi pequeño grano de arena. ¿Te apuntas?

Os deseo un muy buen 2020 de corazón.

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