Psicología: El poder del miedo

EL PODER DEL MIEDO

#Francisco Polo; Psicólogo

Vivimos unos momentos en los cuales la incertidumbre y el exceso de información nos pueden llevar a crear un miedo que nos puede hacer que nos inmovilicemos. De ahí a adquirir una fobia, hay un paso.

Si miráis a vuestro alrededor, las cosas han cambiado en muy poco tiempo, y la verdad, no nos hemos podido adaptar. Esta situación nos puede llevar a adquirir miedos que nada o poco tienen que ver con el foco del generador de nuestro miedo. Este desplazamiento se debe a la desfocalización real del miedo, ya que el enfrentarnos a él nos es imposible en ese momento. También estas situaciones nos pueden hacer adquirir obsesiones que encubrirían el autentico miedo. Veamos un par de ejemplos al respecto para poderlo explicar:

En el primero podemos ver a una persona que su vida está controlada y nada dirigida por ella. El control de su vida depende de terceros (un trabajo en el que manda un jefe muy estricto, una pareja dominante y unos hijos en exceso mandones, por ejemplo) esto podría generar una persona con muy poco ámbito de decisión y una vida llevada por otros. Todo esto podría conllevar a un orden excesivo de su ropa, cuando trabaja poner los bolígrafos en paralelo, las figuras de su casa en una determinada posición, y así en diferentes aspectos de su vida, ya que es el único control que depende de él. Esto sería lo que llamamos una obsesión. En estos momentos, un exceso de lavarse las manos de manera ritualizada sería una manera de externalizar el miedo.

Otro ejemplo sería el del que nada tienen que ver con el foco real del miedo. El miedo a los animales o a acontecimientos atmosféricos sería un tipo de miedo que se podrían producir. Nuestro cerebro puede asociar dos situaciones que nada tienen que ver y meterlas en el mismo saco, de tal manera que vea reflejado un problema que considera real en el otro que nada tiene que ver y en ningún momento se debería vincular a su percepción de amenaza. Tener miedo a los perros, gatos y los pájaros cuando hasta ese momento nunca lo había tenido, o miedo a los truenos o a la lluvia sería otro de los miedos desplazados.

Ante estos problemas de miedo y obsesiones desplazadas una de las cosas que podemos hacer para buscar una solución sería buscar todas las mañanas un sitio en el que estemos tranquilos, en el que la iluminación sea tenue, en el que nos sintamos tranquilos. Allí buscar un asiento cómodo y durante 25 minutos centrarnos en todo lo peor que pensamos que nos pueda ocurrir si, en el primer caso, nos pusiésemos a acariciar a un gato o jugar con un perro. Y en el segundo, si nos mojásemos por una lluvia o viésemos truenos desde nuestra ventana. Esto lo deberíamos hacer durante un par de semanas y observar los resultados.

Aunque no lo creamos, el acercamiento mental a esos miedos nos hará entenderlos y alejarnos de ellos.

Es más sencillo luchar contra un miedo conociéndolo que luchar contra algo desconocido. El no afrontamiento y desplazamiento es una manera sutil de nuestro cerebro de luchar sin luchar.

 

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