Psicología: No me chilles que no te siento.

NO ME CHILLES QUE NO TE SIENTO.

Francisco Polo; Psicólogo

Este título me recuerda a una película de finales de los años 80, una comedia entretenida y para toda la familia. Aunque en este artículo no hablaremos de cine. Intentaremos dar un poco de luz sobre el tema de las relaciones personales y los conflictos que se generan en sus interacciones.

Cuando dos personas están hablando sobre un determinado tema, existe dos tipos de relación en dicha interacción. Por un lado, tenemos la que hace referencia al contenido, estaríamos refiriéndonos al tema del que se habla. Por otro lado, y ésta en muchas ocasiones es donde se encuentra el problema, hace referencia a la relación que existe entre esas dos personas que dialogan.

Partiendo de estas dos premisas nos damos cuenta que del tema del que se habla es, en principio, la fuente de ese dialogo. Cada una de las partes expone su punto de vista de una manera más acertada o no; con unos argumentos en unos momentos racionales y en otros viscerales; con un hilo conductor o de salto de un lado a otro; etc. En fin, cada una de las partes expone e intenta trasladar su punto de vista sobre el tema en cuestión. Hasta ahí todo bien, todo correcto. La flexibilidad de cada uno de los que dialogan hará que se llegue a un acuerdo sobre el tema del que hablan o llegue un momento en el que cada uno no ceda más y se queden las dos partes a cierta distancia del consenso común. Esto tampoco estaría mal. Cada uno ha expuesto su parte, han sido flexibles y han llegado a unos mínimos que comparten.

¿Y qué ocurre cuando ninguno de los argumentos le es válido a ninguna de la parte contrario por muy bien que se argumente? Pues que habríamos entrado dentro de la parte relacional de estos dialogantes. Con esto me refiero que las dos partes tienen un aspecto personal de conflicto respecto al otro que hace que sea imposible llegar a ningún tipo de acuerdo. Aquí ya no importa el tema del que se habla, lo importante es llevar razón si o si.

Esto ocurre muchas veces cuando en una pareja que están enfadados les es imposible ponerse de acuerdo en nada y cualquier sugerencia, tema, propósito, se convierte en una discusión. Aquí el tema es lo de menos, es una cuestión de poder dentro de la pareja. Otro ejemplo sería la relación de un padre con su hijo o una madre con su hija o cualquier combinación que se tenga a bien. Aquí, posiblemente, la parte de los hijos no quieran “entender” nada de lo sus padres les hagan hacer ver, no quieren obedecer, quieren tomar sus propias decisiones y no quieren escuchar a sus mayores. En el tema de la amistad entre dos amigos, estaríamos hablando de lo mismo. Y así todo tipo de ejemplos que se os vengan a la cabeza.

Así, como sugerencia, cuando entablemos una discusión con otra persona, tengamos presente en qué nivel nos estamos centrando.   

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